Cómo surge la idea

Mi formación académica como pedagoga se vio ampliamente completada en el momento que fui madre. En estos 5 años he aprendido que las teorías son lo de menos porque cada niño es un ser individual, que tiene unas necesidades. Mi visión como profesional evolucionó hacia formas más maduras, centradas en la crianza natural y descubrí que los momentos que paso con mi hija son únicos y no se repetirán porque su maduración natural hace que haya otros nuevos que no me quiero perder.
Partiendo de la premisa de que mi hija es lo más importante para mi y todo tiene que girar en torno a ella comencé la búsqueda de mi nuevo camino laboral, después de dedicarme durante toda mi vida profesional a la estimulación infantil, y llegando a la conclusión de que si el trabajo es necesario, el tiempo que no paso con mi hija quiero que lo disfrute al máximo posible, imaginé que muchas madres (por no decir todas) querrían lo mismo para sus hijos/as.
Recuerdo cuando llevaba a mi hija a la guardería, con 14 niños más para una sola cuidadora y la cantidad de trabajos que me daban al trimestre y yo pensaba ¿por qué tanta ficha si los niños a estas edades tienen que aprender jugando? Por no decir que siempre que iba a llevarla o recogerla  los niños estaban sentados: en la asamblea, en la mesa haciendo "trabajos", en la comida... y yo pensaba ¿Por qué se limita el movimiento de los niños de esta manera? Aunque como profesional entiendo que lidiar con 15 niños menores de 3 años es muy complicado.
Desde ese momento empecé a pensar: yo quiero un sitio donde los niños jueguen libremente, puedan moverse, estén bien atendidos y se respeten sus ritmos individuales y por fin lo he conseguido.
El nido de Thais es un lugar donde los niños aprenden jugando, bailando, gateando, saltando... donde se respeta sus ritmos individuales porque nunca puede haber más de 4, donde van a estar como en casa.